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Lo que aprendimos de Oliver Sacks

Miércoles, 2 de marzo de 2016

En Oliver Sacks, el mundo médico y literario encontraron un divulgador que fue capaz de ver y transmitir la poesía en la neurociencia. A pesar de los muchos tributos que se le han ofrecido, los editores de la revista The Lancet han considerado que aún hay más que decir sobre uno de los autores más importantes de la literatura de finales del siglo XX y principios del XXI.

Sacks será recordado por reinventar y dar nueva vida al estudio de casos. En capítulos individuales de “Un antropólogo en Marte” y “Los ojos de la mente”, ofrecía detalles de diagnósticos neurológicos, pero lo de menos eran los diagnósticos. Sacks describía sus encuentros y conversaciones con los pacientes y observaba cómo construían vidas poco convencionales en las que vivir su enfermedad, y hacían de sus diferencias valores. De esos individuos aprendió la importancia de la narrativa personal para definir una vida con significado, algo que fue clave en su práctica clínica y en su obra literaria.

Los editores indican, no obstante, que al escribir sobre pacientes, en cierto modo Sacks los convierte en objetos. A su primera recopilación de casos, “El hombre que confundió a su mujer con un sombrero”, le falta –dicen- la profundidad y la generosidad en detalles de sus trabajos posteriores, que califican de “biografías totales”. Más adelante, demostró un compromiso ético por ir más allá de las descripciones para aprender y colaborar con los pacientes en la construcción de sus respectivas narrativas.

El neurólogo modulo lo que llaman una relación asimétrica pero igualitaria entre médico y paciente. Mientras él aportaba el conocimiento de la Medicina, sus sujetos (no todos pacientes) aportaban el conocimiento obtenido de la experiencia.

Sacks rechazó la idea de “normalidad” como un ideal, colocando a todas las personas en un espectro de diferencia. Esta respetuosa actitud hace hincapié en lo importante que es para los médicos mantener su mente abierta a la posibilidad de aprender de sus pacientes.

A varios meses de su muerte, publicó una autobiografía. En ella cuenta su vida profesional y personal, sobre su hermano –que padecía esquizofrenia-, su orientación sexual y sus experiencias con las drogas. Antes de fallecer, también publicó cuatro ensayos en The New York Times, reflexiones sobre qué significa vivir. Se han publicado en un pequeño volumen titulado “Gratitud”.

The Lancet 2016 (387); 10021: 835.